Mientras la ciudad duerme, en los despachos del poder los contratos se siguen firmando. El más reciente, una joya de la corona de la ciberseguridad, acaba de ser adjudicado. Los documentos públicos, con su fría elocuencia, revelan que Informacion Localizada S.A.S., la reputada firma de tecnología, se ha ganado un jugoso contrato con el Ministerio de Defensa , el CO1.PCCNTR.7118579, por más de $8.500 millones de pesos.
El objeto: una “Suscripción a plataforma de ciberinteligencia SAAS para detección temprana de amenazas”, nada menos que para el Ministerio de Defensa. La firma en el papel, fechada el 12 de septiembre de 2024, es la de su representante legal: Carlos Giovanni Parada Avila.

Parada Ávila es un hombre famoso entre los contratistas, según los registros de la época desenterrados por La Silla Vacía, gerente y uno de los propietarios de la polemica Aseo Capital, empresa a la cual el hoy presidente Gustavo se enfrentó en la polemica sobre el cambio de esquema de basuras cuando fue alcalde de Bogotá.
En el aséptico y moderno universo de la tecnología, donde los algoritmos prometen un futuro eficiente, Servinformación —el nombre comercial de la empresa— resuena con prestigio. Socio premium de Google. Un caso de éxito. Impecable.
Pero en Colombia, donde la memoria es el único patrimonio que no nos pueden embargar, hay nombres y apellidos que funcionan como cicatrices. Nombres ligados a contratos, poder y, cómo no, a escándalos que definieron a esta ciudad. Por eso, cuando uno escarba un poquito, se encuentra con sorpresas. El hilo del flamante contratista de la ciberseguridad nacional nos lleva directo al negocio más sucio y tangible de todos: la basura.
El Origen del Monopolio de las Basuras
Para cualquiera que haya vivido en Bogotá el tiempo suficiente, el nombre Aseo Capital no es uno más. Es el recuerdo de una época, el sinónimo de un poder casi feudal sobre algo tan vital como quién recoge la basura de tu casa. Y, claro, el epicentro de peleas políticas y contractuales que costaron un dineral.
Hagamos memoria. La Empresa Distrital de Servicios Públicos (EDIS) era un desastre. La recolección de basuras, ineficiente y corrupta, era el dolor de cabeza de cada alcalde. La solución, importada del manual neoliberal, fue la privatización. En 1994, la administración de Antanas Mockus partió la ciudad en cuatro zonas y las entregó en concesión a operadores privados. Nacieron Lime, Atesa, Ciudad Limpia y, por supuesto, Aseo Capital.
Desde el primer día, fue evidente que Aseo Capital no era un jugador más. Detrás de ella se consolidó el poder de Alberto Ríos Velilla, un empresario de bajo perfil público pero de una influencia legendaria. Un “zar”, como se le bautizó en la prensa, experto en el complejo ajedrez de la contratación pública. A través de un sofisticado entramado de empresas —una madeja de holdings e inversiones como Inversiones Alsacia—, el grupo de Ríos aseguró no solo la operación en su zona, sino una posición dominante en el tablero general.
El negocio era una máquina de hacer dinero. La tarifa, incluida obligatoriamente en la factura de la luz, garantizaba un flujo de caja constante y monumental, inmune a las crisis económicas. Controlar la basura era controlar una renta perpetua, pagada por ocho millones de ciudadanos. Era el negocio perfecto. Y como todo negocio perfecto en Colombia, no tardó en ser salpicado por el escándalo.
A Prueba de Balas: El Carrusel, Petro y la Supervivencia del Negocio
El primer gran terremoto fue el infame “Carrusel de la Contratación” de Samuel Moreno. Mientras la ciudad veía cómo los Nule y los Moreno Rojas saqueaban las arcas con las obras de la Calle 26, la sombra de la duda se extendió a todas las grandes concesiones. Los periodistas empezaron a preguntar: ¿quiénes son los verdaderos dueños de la ciudad?
En ese ambiente de cacería de corruptos, La Silla Vacía publicó en febrero de 2011 un revelador informe sobre la estructura de Aseo Capital. Y es justo ahí, en el ojo de ese huracán, que los papeles de la Cámara de Comercio nos muestran una foto interesante. En el entramado de Inversiones Alsacia, la holding que controlaba Aseo Capital, aparece el nombre de Carlos Giovanni Parada Avila.
Años más tarde, la resiliencia del monopolio se pondría a prueba de nuevo. En 2012, el entonces alcalde Gustavo Petro declaró la guerra al modelo privado con su programa “Basura Cero” y la creación de un operador público. La reacción del cartel fue furibunda. La ciudad se sumió en el caos, con montañas de basura en las calles. La jugada le costó a Aseo Capital y a sus socios una multa histórica de la Superintendencia de Industria y Comercio por cartelización
empresarial. La evidencia, según la SIC, demostraba que habían actuado como un bloque coordinado para sabotear el nuevo esquema. A pesar de todo, sobrevivieron. El negocio, con sus tentáculos legales y políticos, demostró ser a prueba de balas.
Del Capital Físico al Capital Digital
Hoy, la basura parece un negocio del pasado. El nuevo oro, la nueva materia prima, son los datos. Y es aquí donde nuestra historia vuelve al presente.
Servinformación, la empresa que representa legalmente Carlos Giovanni Parada, es un jugador dominante en este nuevo sector. Su negocio ya no es recoger desechos físicos, sino aspirar, procesar y empaquetar los desechos digitales que todos producimos: dónde vivimos, qué compramos, por dónde nos movemos. Convierten nuestra huella digital en “inteligencia de localización” para vendérsela a bancos, cadenas de retail y, como acabamos de ver, al Estado.
Plata es plata, sea que huela a lixiviado o a fibra óptica.
La conexión documental entre el representante de este gigante de los datos y la estructura de propiedad de la controversial Aseo Capital obliga a plantear preguntas incómodas. ¿Las estrategias para navegar el poder, asegurar contratos y construir influencia son las mismas en el mundo tangible de la basura y en el etéreo mundo de los datos? ¿El capital político y el know-how forjados en las duras batallas de las concesiones públicas simplemente se modernizaron, cambiando el overol por una hoodie de Silicon Valley?
Este rastro es un recordatorio. Un recordatorio de que aquí, en Colombia, el poder es un camaleón que sabe cambiar de piel y de negocio. Y que al final, la labor de un periodista no es solo mirar la foto de hoy, sino buscar en el álbum completo. Porque en este país, el que no conoce la historia de sus contratistas, está condenado a pagarla dos veces.
URL del contrato:
https://community.secop.gov.co/Public/Tendering/OpportunityDetail/Index?noticeUID=CO1.NTC .7000963&isFromPublicArea=True&isModal=true&asPopupView=true
Articulo de la silla vacia:
https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/bogota/la-misteriosa desaparicion-de-los-rios-velilla-de-aseo-capital/
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