Terrorismo en Cali: anatomia de las disidencias 

Eran las dos y cuarenta de la tarde cuando en el noroeste de Cali recordó los sonidos del pasado, un estruendo que convirtió a la intersección de la carrera octava con calle 52 en una fotografía del horror, que reabría las apenas suturadas heridas de la violencia que había vivido la sucursal del cielo en los años de plomo que creíamos habían terminado con la firma del acuerdo de paz entre las FARC y el Estado colombiano en 2016.

Este país que vive el pasado como embrujo y no está ni en la disposición, ni en la capacidad de caminar hacia el futuro, recordó a los carros bomba, un repertorio grotesco que deja víctimás indiscriminadas y que a pesar de buscar afectar la Base Aérea de Cali  solo asesinó civiles.

¿Pero cómo es posible que ocurriera tal atentado en la tercera ciudad del país? El fiscal del caso  aseveró que dos camiones cargados de “358 kilos de explosivos en dos carros, “sustancia que se encontraba en ocho cilindros de 100 libras; cinco cilindros de 40 libras acondicionados con 50 kilos de explosivos, a base de nitrato de amonio y polvo de aluminio cada uno; 36 artefactos explosivos de tipo tatuco, acondicionados con tres kilos de alto explosivo a base de nitrato de amonio cada uno; 50 metros de control detonante; dos detonadores eléctricos; y dos fragmentos de mecha de seguridad”, habían sido movilizados por 60,3 kilómetros y atravesado seis municipios – Corinto, Miranda en el cauca, Pradera, Florida, Candelaria y Cali en el valle- con  cilindros cargados de explosivos, sin que ninguna autoridad militar y policial se dieran cuenta.

La crónica de la incapacidad no se quedaba allí, los dos camiones alcanzaron a  ser parqueados sobre los andenes contiguos a la base aérea Marco Fidel Suárez y una vez explotada la carga contenida en uno de los camiones, fue la comunidad la que capturo a dos de los autores materiales del atentado,  Walter Esteban Yonda Ipía, alias Sebastián; y Carlos Steven Obando, alias El Mono. La fuerza aérea, el ejército y la policía parecieron petrificados frente a la acción terrorista.

Estamos navegando a ciegas

El atentado que dejo , hasta ahora, seis muertos y más de un centenar de heridos, dejó claro que la fuerza pública ha perdido toda capacidad de inteligencia, aquella misma que era uno de los activos determinantes en las últimás fases de la confrontación contra la guerrilla de Tiro Fijo. Esta vez dos milicianos, de 23 y 26 años que exhibían su vida a través de Instagram y se colocaban Brackets en la ciudad, habían puesto dos camiones bomba en las narices de soldados y miembros de la fuerza aérea profesionales.  Atrás habían quedado los viejos guerrilleros que vivían en la penumbra de la selva, hoy la guerra es hecha por una extraña combinación de combatientes de las antiguas FARC que nunca se desmovilizaron, o que reincidieron en la guerra, que ofician como maestros de una indisciplinada generación  de jóvenes que se ponen el camuflado por unas horas y lo intercambian por camisetas chiveadas de Balenciaga mientras existen sus cortes de cabello de reggetoneros mientras posan con fusiles. Es evidente que en Colombia los únicos que no miran TikTok son las fuerzas armadas, porque en el Estado Mayor Central se pública la guerra como si fuera Grand Theft Auto.

El 7 de julio de 2025 el flamante e ineficiente, ex general de la fuerza Área, hoy ministro de defensa Pedro Sánchez había inaugurado la operación “escudo norte, como ofensiva contra la estructura Jaime Martínez, con más de 800 uniformados”, que por lo visto no tenían un solo retén sobre las áreas de operación de la columna móvil.

En la llamada operación escudo norte quedaban expuestas todas las vulnerabilidades de unas atrasadas fuerzas armadas que por lo visto ni entienden, ni son capaces de contener la amenaza terrorista.

La historia de la incapacidad comienza con el relato común, el carrusel mandos que ha implicado el gobierno sobre la fuerza pública: el 6 de agosto había sido relevado de la comandancia de la tercera brigada del ejército, a adscrita al suroccidente del país, el  brigadier general Federico Alberto Mejía Torres – ahora encargado del Centro Nacional de Entrenamiento del Ejercito- y era sustituido por Javier Hernando Africano López, general, que había comandado brigada 18 con sede en Arauca, unidad militar signada por el fracaso de no impedir el fortalecimiento del Frente Domingo Lain del ELN que había desatado la guerra contra la facción criminal del frente 10 de las disidencias de las FARC.

A Africano se suma el comandante de la tercera brigada del ejército Juan Oduber Rendón Pérez, general que con m{as de dos años de presencia en su cargo sin ningún triunfo operativo relevante.

La Columna móvil Jaime Martínez

Las guerras en Colombia no se acaban, se reciclan. En las montañas de Jamundí donde se avisora con cercanía la sultana del valle, nace el control de la columna móvil Jaime Martínez, su tenebroso paso se extiende hasta  Lopez de Micay en el departamento del Cauca.  Nada hizo la paz de 2016 para calmar el palpito de la guerra en este corredor que conecta la cordillera occidental, con el rio Naya y finalmente con el pacífico. La hoja de coca y cambuches que funcionan como techos de laboratorios del alcaloide inundan esta selva húmeda tropical, allí los campesinos no viven como esclavos del narcotráfico, llevan por el contrario actuando durante más de dos décadas en la economía cooperativa de los estupefacientes. Cuando en diciembre de 2016 se avisoró a la firma del pactos de paz, decenas de campesinos y sus juntas de acción comunal reaccionaron reclamándole a la guerrillerada. Era una familia que le pedía a su padre violento que no la abandonara, porque si se iban las FARC -EP ¿Quién los iba a proteger de la erradicación? ¿ quién los cuidaría del ejército que había hecho la másacre de Jamundí en 2006?  ¿Quién sería su resguardo frente al los paramilitares, con su nuevo nombre Autodefensas Gaitanistas, que habían teñido de muerte el Naya?

Algunos guerrilleros decidieron no desmovilizarse, no cualquiera eso si, estaban entre ellos quiénes habían resistido años de la derrolla insurgente. Cuando la guerrilla del Mono Jojoy pasó de controlar el sur del país y movilizarse en grandes batallones de guerra de movimientos, a volver a su comportamiento disperso de pequeñas unidades que atacaban como la pulga que fastidia sin objetivo al perro.  Combatientes que se habían reinventado la guerra en el Cauca y el Valle, ante la derrota estratégica en el Caquetá, meta y Putumayo, ellos eran los herederos de Carlos Patiño, el temido mando que se había inventado la guerra de artillería guerrillera, es decir el lanzamiento de cilindros bomba y tatucos con precisión, sus nombres terminaron rápidamente siendo conocidos por la reunión y el país: Mayimbu, Iván Jacobo Idrobo Arredondo alias Marlos y el mismo comandante David.

A quiénes veiana el acuerdo del teatro Colon como una traición de Timochenko e Ivan Marz a la historia comenzada por Manuel Marulanda se sumaron las milicias, las cuales el hoy congresista por el Partido comunes Julián Gallo, antiguo miembro del secretariado conocido con el nombre de Carlos Antonio Lozada, definia como “grupos denominados «de que realmente no eran milicias en el sentido del proyecto nuestro, la Milicia como una estructura político-militar complementaria al cuerpo guerrillero y a las organizaciones del Partido clandestino. Pero resultaron especies de bandolas que se habían apropiado ahí del proyecto y del nombre nuestro, y que estaban ejerciendo era un control territorial para garantizar el negocio que tenían ahí. Entonces, eso complica enormemente esa situación.”

La experiencia de cargos guerrilleros que se dedicaban al combate 24 horas al día y eran capaces de movilizar artillería como cañones de tatucos en frente del ejército, se juntaban a las milicias, centenas de jóvenes a los que no se les impartía mayor formación ideológica, tampoco se le obligaba a vivir en campamentos y tenían como función nunca dejar de ser parte de la población civil, para así desatar su actividad de inteligencia, sabotaje y operación de las economías ilegales.

Durante nueve años en el norte del Cauca y el departamento del valle nació e hizo el kínder un particular oxímoron: una banda criminal que se siente heredera de un idearios político y una historia, no olviden que en las fotos del joven capturado por la comunidad después de detonar el carro bomba aparecía posando con fotos de Jacobo Arenas fundador de las FARC; un instrumento bélico que también es representación de los campesinos y sus juntas de acción comunal; y una temible estructura capaz de demostrar que es capaz de responder ofensivamente ante los torpes intentos de la fuerza pública.

Sin entender no se puede atacar

La pieza clave del accionar de la Columna móvil Jaime Martínez es su comportamiento a través de milicias, jóvenes caucanos y vallunos que no se esconden en campamentos guerrilleros, ni mantienen el uniforme puesto todos los días. Mientas el Estado Mayor Central se mimetiza entre   campesinos para tener una extensa red de información de la operatividad del ejército, el Ministro Pedro Sánchez y su cúpula militar no tienen idea de con quién se enfrentan, al punto de tener una nula presencia de agentes de inteligencia militar mimetizados dentro de la población que viven en el corredor Jamundí-Cauca-Rio Naya- Pacifico.

El gobierno Petro decreto un cese de fuego bilateral con el Estado Mayor Central  el 16 de octubre de 2023, lo prorrogó en enero de 2024, excluyó a los departamentos del Valle y el Cauca en julio de ese año y después acentuó la fractura al interior del EMC, haciendo que se dejara de combatir solo a los frentes que seguían el mando del Calarcá.

La torpeza del ejecutivo denotó la inexistencia de una tecnocracia civil de la seguridad capaz de pensar en la estrategia de guerra. Pero también, fue un dibujo de la mediocridad de la fuerza pública, a diferencia de los diálogos del Caguán, el ejército no Aprovecha  los ceses al fuego pactoss con el EMC, para realizar un actro de comprensión lo que implica esta estructura en el departamento del Cauca, no se compro armamento antidornes, no se consolido una estructura de inteligencia, ni se mejoraron las relaciones con la población civil. Solo se han escuchado afirmaciones que se confunden entre el cinismo y la estupidez, como las del ministros sanchez “no hemos podido comprar equipo anti drones porque a nosotros nos toca repetar la ley 80”, mientras tanto la agencia logística de las fuerzas armadas sigue comprando bajo modalidades de contratación directa raciones de alimentación podridas y sobrevaloradas al viejo cartel de los alimentos del ejército.

Sin comprender no se puede negociar

Con el afán de establecer mesas de paz que dieran cuerpo a la política de paz total el actual gobierno hizo un salto mortal triple digno del circo de los hermanos Gasca. El Estado Mayor Central es gestado por el frente primero de las FARC-EP que en 2016 decide no hacer parte de la firma del acuerdo de paz.  Gentil Duarte e Iván Lozada -conocido también como Iván Mordisco-, desertan de la fuerza liderada por Timochenko y con el se llevan más de veinte millones de dólares y alrededor de 200 combatientes.

Desde allí el EMC termino articulando combatientes en el Cauca, Valle, Meta, Arauca, Catatumbo y Vichada que operaban en zonas de retaguardia o confrontación ofensiva de las FARC. Son aquellos guerrilleros que jamás creyeron en la negociación de la guerra. Esa condición se convirtió en contexto en el cual el gobierno Petro hace su maroma tan acrobática como absurda: a través de la alta oficina del comisionado para la paz ha definido que “su origen son los frentes de las FARC que  firmaron el Acuerdo de Paz con Santos, quiénes quedaron por fuera de ese acuerdo por diversas razones. Ahora se han integrado para finiquitar —yo diría— ese Acuerdo de Paz pasado y volverlo completo”.

Este reconocimiento como actor político, busca ser hoy ser revocado, aunque ya quedaron sentadas sobre piedra los saltos mortales con las cuales se le dio estatus político a aquella organización.

¿Se puede derrotar al Estado Mayor Central?

En el futbol como en la guerra manejar el tiempo es la clave. Las disidencias se asentaron sobre el Cauca, cabalgando sobre la historia de la Guerrilla de las FARC que hacía presencia en el departamento desde el año 1965. Son cuatro las claves para destruir la presencia del EMC en esta zona, donde ocurren el 28,1%: de las acciones armadas:

Primero, destruir la relación entre las milicias y la población civil. La columna Jaime Martínez no puede seguir siendo la policía y el operado de justicia de los campesinos, ello requiere que el Estas y en especial las fuerzas armadas se concentren en ganarse el cariño de la población más que persiguiendo la COCA operando como un regulador de los conflictos de la población, que van desde robos, problemas de linderos hasta garantizar el abastecimiento de productos alimentarios. Así se pueden tanto incorporar agentes encubiertos de inteligencia en las poblaciones, como atraer hacia la institucionalidad a las Juntas de Acción Comunal. Fracturada esa relación cualquier ofensiva militar se viabiliza.

Segundo, cortar la comunicación de la columna guerrillera con el pacífico colombiano, con lo cual se limita la salida de alcaloides y eso implica una acción coordinada de por lo menso dos brigadas del ejercito, sobre las cosas del municipio de guapi en el cauca.

Tercero, un plan de intervención social. Pese a estar en el gobernó del cambio, ningún indicador social ha mejorado en diez municipios donde opera la columna móvil Jaime Martínez, ni un solo cupo educativo, así como tampoco una intervención de la política social que apalanque una transformación de la economía local.

Cuarto, establecer un plan de inteligencia especial sobre esta zona del país, la mejor metáfora es que quien supuestamente dirigió la inteligencia para el atentado contra la base Marco Fidel Suarez es Diomar Mancilla, conocido como el Mocho, porque anda en muletas y tiene una sola perna. Es imposible que alguien as{i tenga mas capacidad de pensar como ejecutar una acción terrorista, que el conjunto de la tercer brigada del ejercito pensando un plan de protección de infraestructura estratégica en Cali.

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